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Breve Historia del Tango - Parte 4 14/04/2008


Grabaciones en discos

Ese remoto origen de la grabación sonora  (1807), quedó como tal hasta que en 1877, en que Charles Cross (francés) y Thomas A. Edison (norteamericano) lograron cada uno por su cuen­ta, gra­bar y reproducir sonidos en placas (dis­cos).
El aparato perfeccionado fue patentado por Edison en 1898 y se lla­mó originalmente pho­no­graf, de donde de­riva fo­nógrafo. Con pos­te­rio­ri­dad se lo llamó gramófomo (voz o sonido gra­­ba­­do).
El tamaño de los discos y sus veloci­da­des va­ria­ron, por lo que se agre­gó un re­gulador de velo­ci­dad a los aparatos re­pro­­ductores para a­de­cuarlos al gusto del o­yente.
La música grabada tuvo mucha aceptación en la clase media y alta, dando lugar a un verdadero auge de casas que vendían dis­cos y  aparatos repro­duc­tores, llegando a  con­­tarse por mi­les, en muy po­cos años. Ese fenómeno se re­gis­­tró también en Buenos Ai­res, ya sea de las fabricadas en el extranjero, como en Bue­nos Aires.
Alrededor del año 1895 empezaron a co­nocerse en nuestro país los primeros ci­lin­dros Pathé y Edi­son, los cuales se po­día escuchar únicamente por me­dio de au­ri­culares, pues era muy débil el sonido que emitían, al contactar la membrana re­pro­duc­tora. Los tenían como una curiosi­dad en algunas casas de familias pu­dien­­tes y también algunos negocios del viejo Pa­­seo de Julio, en los locales de tiro al blan­­co, la mujer gorda o barbuda, donde por diez cen­ta­vos se ofrecía la novedad al pú­blico que ha­cía cola, aguardando turno para es­cuchar el so­nido producido por el a­pa­­­ra­to, ya que era una novedad atrayente..
Casi a fines del siglo pasado -tal vez en 1897- lle­gó el señor Lepage con los pri­me­ros fonógrafos a cor­neta, los cuales ser­vían tam­bién para la gra­ba­ción. Todavía no se había in­­ven­tado un dispositivo que permitiese la pro­duc­ción y re­producción de cilindros y de discos en gran es­cala. Por eso, los artistas que te­­­nían que grabar sus interpretaciones, se veían en la obligación de es­tar continuamente fren­te al aparato re­gistrador, para sa­tisfacer la de­manda del pú­blico. ávido de esas no­ve­dades.
Los artistas preferidos para las citadas fe­chas e­ran Alfredo Gobbi, como eje­cu­tante y Eugenio G. Ló­pez como recitador. El mismo em­pre­sa­rio, para 1900, importó u­na máquina gra­ba­do­ra de discos, pero de una sola faz o ca­ra utilizable. En ella, Go­bbi grabó Ga­bi­no el Ma­yoral, acompañado por su es­­posa, pasando en muy breve tiempo a gra­bar tan­gos, siendo a­com­pa­ña­dos en esa la­bor por Ángel Vi­lloldo.
Por la naturaleza de la música y las letras que in­cluían, las composiciones de fi­nes del si­glo pa­sa­do y primeros años del pre­sente, los dis­cos de tan­go grabados tenían un mer­cado to­davía restrin­gi­do, al no ser muy a­cep­­tado por las clase media media ni la al­ta. Por eso, los dis­cos, casi siempre ter­mi­naban en perin­gun­di­nes, trinquetes, pros­tí­bulos, casas de baile o ca­fés que uti­li­zaban la novedad del fonógrafo pa­ra atraer clientela.
Entre los pioneros na­cio­nales corresponde nom­­­brar a José B. Tagini, que fuera pro­pie­tario de varias pro­duc­toras de discos, don­­de grabaron mu­chos artistas de nuestra mú­sica po­­pu­lar, tan­to payadores, recitadores co­mo tan­­­gue­ros, y con­ce­sionario de empresas nortea­me­ri­canas.
Le sigue en esta mención Alfredo A­mén­dola, pro­pie­tario del sello Atlanta, en el que grabaron tam­bién pa­yadores como Be­ti­niti o tangueros co­mo Augusto P. Ber­to, Garrote, para los amigos. Pa­ra au­men­tar la di­fusión de la música se formó u­na banda musical del mismo nombre.
La Primera Guerra Mundial no im­pi­dió que A­mén­dola re­gistrara la marca Te­le-Phone, en la que grabaron des­de Ca­na­ro hasta Juan Ma­glio.
Las casas comerciales que vendían dis­cos y apa­ra­tos reproductores se mul­ti­pli­ca­ron desde el centro a los barrios y entre e­llas se en­cuen­tran la famosa tien­da Gath y Chaves y  Avelino Cabezas. En los medios, es posible en­con­trar a­­vi­sos anuncian­do las bondades de los apa­ra­tos, pre­cios, ven­tajas de tener en casa las mú­­si­cas o las voces pre­feridas y las faci­lida­des de pago que se otor­gaban. En esos a­vi­sos es posi­ble apreciar algunas di­ferencias, es­­pe­cial­mente en las bocinas. La tien­da antes men­cio­nada, ante las posibilidades casi in­fi­nitas del mer­ca­do consumidor de dis­cos, con­trató a Alfredo Go­­bbi, padre, con su señora, y a Ángel Vi­llol­do para que se ins­talaran en Londres y luego en París, y así gra­bar con buena calidad so­no­ra, las com­posi­cio­nes de mayor éxito, en el mer­ca­do local.
Paralelamente ingresó al mercado la mar­ca Vic­tor, por intermedio de con­ce­sio­narios, grabando en Bue­nos Aires y Mon­tevideo.
Por su parte Carlos D. Nasca, fue el pro­pietario del sello Era. Por su afición a las cosas gauchas, se ves­tía con chiripá y co­rralera. Esto hizo que se le lla­ma­ra el gau­cho Relámpago. En su sello h­an que­­da­do grabadas composi­cio­nes de im­por­tan­tes mú­si­cos e interpretaciones de prin­ci­pios del siglo pre­­­sen­te, a pasar de la cor­­ta duración comercial que tu­vo.
Continúa en esta ennumeración  el se­llo Pa­thé (francés), que anunciaba la novedad de no ne­ce­sitar púas pa­ra lograr la reproducción sonora, que en realidad era u­na viveza pu­bli­ci­ta­ria, pues usaba púas de zafiro de muy lar­ga du­ración.
La marca Odeón (U.S.A.), también se ins­taló en Bue­nos Ai­res por intermedio del conce­sio­nario Max Glücks­man. Le corresponde a esta marca el haber grabado in­terpreta­cio­nes de Gardel-Razzano.
Para 1919 la industria inicia su ins­tala­ción en Ar­gen­tina al radicarse la marca O­deón Argentina. Esta mar­ca y su conna­cio­nal Victor, quedaron casi com­ple­ta­men­te dueñas del mer­ca­do a partir de ese año. Desde entonces se contrató a mú­sicos y can­to­res para que se tras­la­daran a Es­ta­dos U­nidos a gra­bar con mayor a­porte téc­nico, en sus centrales, y lograr así me­­jo­res reproduc­ciones fo­nográficas.
El sistema mecánico subsistió hasta 1926 en que se produjo la innovación téc­ni­­ca de grabar por el sis­tema eléctrico que introdujo la utilización  del  mi­cró­­fo­no.
Se estima, en base a datos ciertos, que la prime­ra gra­bación eléctrica realizada en Bue­nos Aires es del 8 de noviembre de 1926, en el se­llo Odeón. Des­de entonces hasta a­ho­ra, se han multi­pli­cado los sellos grabadores, con las consi­guientes altas y bajas ocasionadas por los vai­venes del comercio y la in­dus­tria, de la mis­ma ma­nera que se han mul­ti­plicado los re­gistros de in­terpretaciones con la mejora en la calidad y fide­li­dad de las voces y las músicas, al mejorarse la tecnología usada.


Conjuntos iniciales
 
La cantidad de músicos que se ganaban la vida brin­dan­do mú­sica en los lugares recién mencio­na­dos, no fue­ron muchos y tuvieron en común, ser guitarreros, vio­li­nis­tas o flautistas, que se ga­naban la vida en ese oficio, o sea, eran profesionales o semi profesionales, que lograban reunir por día has­ta dos pesos o algo más, tocando en varios lu­ga­­­res cada tarde o noche, o en ambas, de­pendiendo de la de­­manda.
Por eso, sus “repertorios” debían tener un nú­me­­ro mí­ni­mo de veinte compo­si­ciones, para poder cobrar por pie­za brin­dada $ 0,10, pasando el plato o el sombrero, que era la forma de re­cibir la retribución. No todos los bai­la­ri­nes y oyentes pa­ga­ban, por no tener la moneda ne­ce­sa­ria.
Al terminar de brindar el repertorio, se  dejaba el lugar a o­tro u otros músicos, para di­ri­girse a un nue­vo local donde se re­pe­tían las composiciones del reper­to­rio. Esto se repetía tres o cua­tro veces por noche, lo­gran­do que al amanecer, se hubieran re­u­­nido 2 a 5 pe­sos.
Cuando en un lugar se presentaban dos o tres músicos, de un mis­mo instrumento o variados, se presentaba el pro­ble­­­ma de hacer coin­cidir los “repertorios” y repartir las fun­­­cio­nes de primera y se­gun­da voz. Una vez resueltos e­­sos prole­gó­me­nos, se procedió co­mo se ha des­cripto, hasta que el sol a­lumbraba las calles.
Poco a poco se fueron dando dos fenó­menos pa­ralelos: uno, coin­cidencias de com­po­si­ciones, con o sin variantes y el o­tro, la u­nión de dos, tres o más músicos, de ins­trumen­­­tos distintos (dos gui­ta­rras, o dos violines, una flau­ta, por ejemplo), quie­nes coin­cidían en un nú­mero mínimo de com­­­posiciones, armando o es­truc­­turando al unirse, un re­per­­­torio aceptado y reclamado por el pú­blico ante el que ac­­tuaban.
Esta forma de presentarse y brindar música en forma indi­vi­dual o grupal, se fue dando entre 1870 y 1885. Tam­bién en este pe­ríodo se fueron a­fir­mando las bases de los pe­queños conjuntos (dú­os, tríos, cuar­te­tos), que más adelante han de ser lo predominante de una nue­­va etapa. Esos conjuntos fue­­ron al i­ni­ciarse, muy ines­ta­bles, pues no siempre los músicos coincidían en los re­per­torios, las horas de reunión para brindar música, y los lu­gares donde hacerlo.
Es difícil hacer mención completa de los mú­sicos ini­cia­les.. A pesar de ello es posible rescatar los nom­bres de quienes se destacaron co­mo in­tér­pretes de algunos instrumentos. Por ello se puede indicar  co­mo gui­tarris­tas a: El Par­do Canevari, El Pardo E­mi­­lia­no, El Ciego Ro­setti, El Ciego As­pia­zu, los her­ma­nos Ma­nuel y Fermín Ruiz, Ga­bino Navas (desta­ca­do pa­­ya­dor), Gabi­no Gardiazabal, etcétera.
Como flautista es posible mencionar a Juan Fir­po, Fran­­cisco Ramos, Lorenzo Ca­purro, El Crespo Emi­lio Vi­llel­cho y al­gu­nos otros me­nos tras­cen­dentes.
Entre los clarinetistas figuran Arturo Gan­dol­fi y Juan Pé­rez. Es entre los con­tra­bajistas  los nombres de Don Vi­­cen­te, cuyo apellido se ha per­di­­do, y a An­drés Espinosa entre los que hay que mencionar.
Por su parte los pianista más des­ta­ca­dos fueron Ha­rold Phi­llips, Pancho Nico­li­ni, Ron­ca­llo, A­rau­jo y o­tros nom­bres per­didos e irre­cuperables, como la ma­­yo­ría de los mú­sicos pio­neros.
Por su parte los bandoneonistas más desta­ca­dos y po­sibles de rescatar del olvido fueron Do­mingo San­ta Cruz, (pa­­dre) y Domingo San­ta Cruz, (hijo), Pe­dro Á­vi­la, El Par­do Se­bas­tián Ramos Mejía, To­más Moo­­re, El Sargento Gil, El Lom­bar­dito Má­xi­mo, “Ca­bo”, “Cocó”, Ma­­zzu­che­lli, Chappe, Zam­bra­no, Solari, Váz­­­quez, Rosendo Men­dizabal, El Ciego Ru­perto, Ra­­­­mos, etcétera.



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