| Breve Historia del Tango - Parte 3 |
16/03/2008 |
Primeros nombres de Tangos
Posiblemente el primer nombre que se divulgó casi sin límites, fue el llamado Queco, o El Queco, que según estudiosos y críticos era el adecentamiento del nombre dado al prostíbulo. A este nombre se lo deriva de un tango andaluz llamado Quico, diminutivo afectivo que se daba a los llamados Francisco, adaptado a la idiosincrasia porteña.A ese tango, le siguieron o coincidieron Señora Casera, Al Salir los Nazarenos, Andate a la Recoleta, Dame la Lata, Bartolo, Señor Comisario, El Palmar, y muchos otros cuyo nombre original se perdieron o fueron adecentados como Sacudime la Persiana, Cobrate y Dame el Vuelto, La Cara de la Luna, El Choclo, Cara Sucia, Tierrita, La Chacarera y muchos más.Todas esas designaciones corresponden al período en que el tango encontró en los inquilinatos, prostíbulos y ambientes del pobrerío trabajador, su refugio y su ambiente temporal. A ello se agregó el argot o lunfardo carcelario, pues muchos de los concurrentes a esos ambientes, pasaban temporadas encarcelados.Pero lo atrapante de la melodía musical le permitió incursionar progresivamente en otros ambientes más elevados en la escala social, coincidiendo con la aparición de la pequeña y baja clase media, por lo que fueron apareciendo otras composiciones con títulos alejados de esos ambientes que eran rechazados, ahora referidos a cuestiones políticas el momento, como Unión Cívica, personajes destacados como Don Juan, Don Esteban o temas patrióticos como Sargento Cabral, Independencia, 9 de Julio, nombres de studs, de caballos de carrera, de negocios importantes como A la ciudad de Londres, (tienda muy surtida y elegante) Gath y Chaves, (igual que la anterior) Caras y Caretas, importante publicación periódica, La Nación, el diario de Mitre, Pineral una bebida y nombre de un caballo de carreras, médicos destacados u hospitales donde alguna vez debieron acudir o estar internados los autores. También aparecieron El Porteñito, El Mayordomo, La Morocha, Mozos Guapos, Mi Noche Triste, Felicia, El irresistible, El Pollito, El Caburé, Una Noche de Garufa, El Cachafáz, El Flete, El Aeroplano, Vea...Vea, Champagne Tangó, La Biblioteca, Matasano, 18 kilates, El Taura, Entrada Prohibida, Hotel Victoria, etcétera. Siguiendo los nombres de los tangos y ubicándolos cronológicamente es posible delimitar las distintas etapas o tiempos sociales, pues los autores, por su intermedio, fueron la expresión de medio sociológico que vivieron. Editores Como se ha indicado antes, la difusión de los Conservatorios de Música y Academias Musicales permitió elevar el nivel cultural de los músicos y con ello mejorar la calidad de sus interpretaciones, al mismo tiempo que dejar escritas sus creaciones. Al difundirse la música en la baja clase media apareció un mercado que pedía la música para interpretarla en sus casas o reuniones sociales, como eran los cumpleaños, bautismos, casamientos fiestas patrias, mezcladas con otros ritmos de orígenes muy diversos. Consistente en la edición de las partituras de los tangos. Como muchos de los músicos instintivos no sabía llevar al pentagrama las notas de su creación, debieron recurrir a amigos para hacerlo. Un apoyo importante en esta tarea de llevar al pentagrama las música de los tangos iniciales correspondió a los directores de las bandas musicales el ejército, policía, parroquias y agrupaciones de colectividades europeas, como fueron la española, italiana, portuguesa y francesa, quienes al mismo tiempo que graficaron las composiciones silbadas o tarareadas, corregían errores elementales, cometidos al carecer de cultura académica, los inspiradores. De todas maneras, la difusión de la música animó a algunos editores a imprimir las músicas, corriendo el albur de no venderlas. Entre quienes iniciaron este negocio figuran los nombres de Breyer, Ortelli, Francalanci, Prelat, Juan Rivarola, Medina e Hijo, Grinberg, Perrotti, Luis Rivarola, Casa De Paula, Riccordi, Vivona. Julio Korn, Pirovano, David y Alberto Poggi, Ortelli Hnos., Felipetti, La Salvia y Juan Balerio. Muchos de estos nombres figuraron en las décadas de 1930 y 1940, editando partituras. El último de los nombrados fue el primero que pagó derechos de autor, pues los otros pirateaban las composiciones al amparo de una legislación deficiente. Cuando el tango se difundió en Europa, existieron editores de tangos en Francia, España y otras naciones.
|