El “tango milonguero”

El “tango milonguero”

Supuestamente el tango milonguero vendría a ser aquél en el que nunca se separa el abrazo. Es un dato unívoco o más exiguamente una interpretación que cuadra como verdad colectiva aunque en el fondo no deja de ser una entelequia, porque los elementos externos son los que determinan esa forma de baile. Como antaño, la aglomeración que constriñe movimientos y nos impide la realización de giros y figuras que reclaman espacio. El contorno rectangular, ovalado, circular o cuadrado que nos cobija en su interior y de cuyas dimensiones dependemos para movernos colectivamente.

En tren de buscar similitudes, podríamos observar como el fútbol sala se distingue del pater familiae porque se juega en un territorio mucho más estrecho que éste. Por ende no caben los pelotazos de larga trayectoria ni sprints vertiginosos en distancia. Los movimientos se comprimen y tienden a controlarse mucho más que en la cancha de fútbol tradicional porque los choques se producirían con asiduidad de no reducir el despliegue físico, en beneficio de la técnica.

Es lo que pasa cuando en la pista de baile hay overbooking y debemos restringir nuestros pasos, atenuar dificultades y roces con otras parejas, controlando la circulación y adecuándola al espacio acotado de que disponemos. Y entonces esa dicotomía entre tango salón y tango milonguero es una simple ecuación determinada por el espacio que nos alberga en determinado momento y no un estilo de baile.

Los sociólogos han inventado muchas expresiones en los últimos treinta años como: a nivel de, optimizar y tantas otras que luego popularizó el periodismo. Algo parecido hacen los nuevos profesores de tango que rebautizan pasos, y se sacan de la manga lo del tango milonguero, tango zen , tango del centro y hasta tango de salón milonguero, como anuncian algunos sobre su sistema de enseñanza. Es un tema de mercadotecnia, de atraer alumnos con nuevos mensajes, pero a los milongueros de siempre todo este discurso nos suena a algo vacío, fútil, sin contenido.

Es cierto que en Buenos Aires se practica mucho el tango del abrazo férreo sin treguas, pero como yo les digo a muchas bailarinas actuales: no saben lo que se pierden. El no deshacer nunca el abrazo aunque haya espacio para hacerlo y la música lo esté pidiendo a gritos, marca también una impotencia creadora en el hombre y una dificultad de la mujer para expresarse sin estar asida al compañero o colgada de su hombro. La realidad señala lo contrario de lo que estas bailarinas quieran indicar verbalmente: “A mi me gusta bailar el tango milonguero”. Simplemente no saben bailar de otra manera, porque no se lo han enseñado, o porque no han tenido oportunidad de practicarlo. Y porque fuera del abrazo se sienten desprotegidas, sin conexión axial y se agarran al hombre como un náufrago al madero en medio del mar.

Desde que desapareció el tango canyengue, se bailó abrazados o abiertos, de acuerdo al espacio, a la música, y respetando las coordenadas corporales, porque aún separados los torsos, el eje de la pareja sigue siendo el mismo, dentro de la redonda estructura del tango.

Actualmente está de moda enseñar la milonga con traspié que es muy práctica para los pequeños espacios, es vistosa y elegante, bien realizada, claro. La milonga siempre se ha bailado de una manera, con el estilo que definía cada bailarín, pero la trama coreográfica era una. El matiz que impusieron algunos grandes como Pepito Avellaneda o Petróleo, no lleva a la Biblia tanguera la pretensión de ponerle un apellido diferente, en cuyo caso a este tipo de bailarla actualmente se le llamaría milonga traspié. Correctamente se la define como milonga con traspié.

El auge de tanto apelativo no conduce a ninguna parte. Los milongueros de ayer bailaban el tango que bailan los jóvenes y veteranos de hoy, con las variantes que la música ha impuesto. El fútbol, el basquet, el tenis, el cine, el teatro, la televisión, la radio no son iguales que hace cincuenta años. Pero continúan llamándose como entonces.

La revolución de la tecnología ha sido fundamental. Hoy un alumno puede filmar sus pasos y sus clases y tiene una imagen directa de su performance, cosa que no tuvieron los anteriores. Pero el tango milonguero, de salón, del centro, y tantos metonímicos modernosos, son todas boutades que durarán lo que duran las modas. Muy poco.

“La música puede revelar la naturaleza de los sentimientos con precisión y exactitud inaccesibles para el lenguaje en razón de que las formas del sentimiento humano son más congruentes con las formas musicales que con las del lenguaje.”
Suzanne K. Langer: Nueva clave de la Filosofía, 1958.

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