Dra. Ana Sebastían … Pugliese

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NINGÚN SANTO, UN MAESTRO, UN MÚSICO, UN ARTISTA, UN HOMBRE…

Hoy es el aniversario de la muerte de Osvaldo Pugliese a quien conocí en 1985.

En 1984 cuando vinimos de Amsterdam a hacer el fim De terugkeer con Cherry Duyns, Luis Labraña, que hizo la preproducción, lo contactó para poder grabar tres minutos con él. Fue el único de los tangueros que, en ese momento en que el tango todavía no tenía su revival, le pidió 2000 dólares -sí, dólares, esa palabra maldita!!! Y cuando se le explicó que eran sólo dos flashes, le contestó: “…y no te lo voy a hacer gratarola, pibe…” con su vocecita aflautada. De donde, a partir de ahí para nos, sería “gratarola Pugliese”. Aclaro que en la película intervinieron Libertella y Edmundo Rivero sin pedir un solo mango por hablar con nosotros e incluso Libertella tocó música clásica y barroca en el bandoneón y Rivero nos regaló A media luz con un play back que nos hizo emocionar en una tarde de El Viejo Almacén, aunque después no apareciera en la película.

Cuando le dijimos a Cherry lo que pedía, nos contestó: “¡No, no voy a pagar eso por tres minutos. Esa plata la puedo pagar por tres minutos de Gardel!!!” Y efectivamente, consiguió los tres minutos de Gardel que aparecen en De Terugkeer cantando Mi Buenos Aires querido y Volver…

En el 85 ya el tango estaba empezando a ser una moda en Europa y justamente tuvo mucho que ver -al menos en los Países Bajos, Bélgica y Alemania- ese documental de Cherry que nos tuvo de participantes.

Ya en abril del 85 se hizo un Simposio sobre tango en la Koningklijke Universiteit van Utrecht con conferencias y la presencia de Juan Carlos Cáceres con su quinteto de entonces, Gotán. Ahí fue que empezó sus primeros escarceos con el bandoneón ese muchacho entonces punk que recientemente sería condecorado como Oficial de la Orden Real de Oranje – Nassau, Carel Kraayenhof.

En octubre se hizo ya en Amsterdam en el Meervaart un Festival de Tango con la presencia del Tata Cedrón, Cáceres y ahí sí, la Gran Orquesta de Osvaldo Pugliese, adonde fue por 1000 florines, en ese momento, la mitad de mil dólares.

En esa oportunidad conocimos al ya renombrado y admirado Maestro y a su esposa. Nos hicimos amigos de varios miembros de la orquesta, especialmente de Adrián Guida, Abel Córdoba -que encantaron al público cuando cantaron a dúo Milonga para Gardel-, Fabio La Pinta y otros bandoneonistas, violinistas y chelistas, casi toda la orquesta.

Don Osvaldo nos pidió que le hiciéramos de guía por el Rozebuurt -el barrio que aquí llaman Rojo, pero que allá es “rosa”, el de las chicas en la vidriera-. Y allí fuimos con él y Lydia por los canales y callejones llenos de chicas de toda pinta y color. Lo único que sé es que cada vez que nos parábamos ante una vidriera decían casi a coro: “¡¡Esto sí que no pasa en la Unión

Soviética!!” Pero hay una parte a solas entre Labraña y Don Osvaldo que se la dejo a las memorias de Luis.

Después, cada vez que Pugliese y la orquesta actuaban en Holanda, estuve involucrada como traductora o presentadora.

También presencié la anteúltima presentación con Adriaan van Dis, una especie de Bernard Pivot, que lo llevó a su show de entrevistas en donde le preguntó a boca de jarro si en su orquesta -que funcionaba como cooperativa- todos tenían el mismo salario, a lo que el Maestro indignado, le respondió que “por supuesto que no!!!!”, que no todos eran iguales y que él era más que los otros!!! Adriaan van Dis se quedó sorprendido porque lo tenía por un commie!!!!

La última vez que hice de traductora para un programa del VPRO, publicaron la entrevista que le había hecho en la guía y fue el 4 octubre de 1992, pocas horas antes de que el Boeing 747 de El – Al se estrellara contra un edificio habitado de los monoblocks del Bijlmermeer. Antes de salir del estudio estabam casi todos los integrantes discutiendo por razones de cachets prometidos con el administrador de la orquesta-cooperativa, además de la bronca porque estaban alojados en un hotel de estación de mala muerte mientras la pareja estaba en uno 4 estrellas…

Finalmente lo vi, ya de vuelta en Buenos Aires, en el entierro de nuestro querido amigo Adrián Guida. Pugliese estaba solo en un banquito como desconsolado, en otro mundo. Y me acuerdo que no quería ir a tocar esa noche en Córdoba como tenían programado.

Siempre me pareció un tipo sencillo con las contradicciones típicas del comunista argentino, stalinista hasta la médula pero exigiendo verdes, blues o lo que fuera porque él era alguien, aunque en la entrevista que tuve cuando yo le recalqué su rol en la historia del tango, él se definiera a sí mismo como ”¿yo?…, un cero al as!!!”

También me indigné cuando en 1989 en el cierre de la actuación en el Teatro Carré de Amsterdam tocaron juntos las orquestas de Piazzolla, Pugliese y el Sexteto de Carel Kraaynhoff y, al ejecutar La yumba, Piazzolla se burló en el escenario imitando al viejo Maestro, cosa que causó mucha bronca no sólo en el público presente sino también en la prensa holandesa.

Ahora, de ahí a hacerlo santo, no!!! Y eso de antimufa, menos.

Los tangueros son afectos -en el verdadero sentido de la palabra, se sienten afectados- por la suerte y la mala suerte.

Desde chica supe a quiénes y a qué tangos se ponían en el bando de los innombrables. Pero el antimufa en el tango fue siempre Juan D’ Arienzo y el tango antimufa La cumparsita en su versión. No voy a nombrar a los otros por razones obvias.

Una vez que falleció Don Osvaldo empezó lo que ahora llamaríamos “el relato”, como todo relato y no historia, falaz.

Se instó a los entonces concejales de la Ciudad a que aprobaran una excepción a las medidas de los monumentos del Recinto de los Ilustres del Cementerio de la Chacarita con el argumento de que los japoneses lo habían donado. Y los concejales, como estaban en campaña, votaron unánimemente la excepción. Así el monumento a Pugliese en ese recinto se destaca de lejos ya que sobresale como algo faraónico cuando tendría que estar a la altura de todos sus congénres ilustres.

El entonces gobierno de la ciudad sacó una revista con su nombre y a partir de ahí se empezó a hablar de San Pugliese, se imprimió una estampita y se armó un cliché para pintar con spray. Incluso en la Plaza 25 de agosto en Charlone y Heredia en el Barrio de Colegiales debajo del pedestal de la virgen está pintado un cliché de San Pugliese!!!

No sólo eso, se instó tanto a cambiar el nombre de la estación Malabia del subte B (según la normativa de nomenclatura urbana, en el subte sólo puede haber nombres de los cruces de calle para indicación de los pasajeros que van bajo tierra). Ahora tenemos Malabia Pugliese.

No sé qué diría Pugliese si se enterara de que es santo, que su monumento es faraónico y no común como debería ser para un comunista convencido y que forzaron las leyes para ponerle su nombre a una estación…

Esto, por supuesto, no le quita lo ejecutado, lo compuesto , su talento, su arte y todo lo que nos dejó.

Lo que sí sé es que si Pugliese es santo, se debe estar riendo desde el cielo en el que no creía!!!

®© De Memorias impertentes, Ana Sebastián, 2012.

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