BREVE HISTORIA DEL TANGO – PARTE 17

Piazzolla y sus seguidores

Partiendo de una sólida formación académi­ca y abrevando en los músicos clásicos de la Guardia Vieja y Nueva, Astor Piazzolla fue incursionando en nuevos caminos abiertos por él mismo con producciones que no sobresalían por ser mo­der­nis­tas, como fueron Tanguando o Triunfal, para se­ña­lar ejemplos. Sin embar­go, su Buenos Aires, es­tre­nado en 1953, además de causar gran revuelo y con­moción, marcó el inicio de su camino inno­va­dor, de valiosos méritos y condiciones.

Ese camino tenía antecedentes en lo inten­ta­do años antes por Cobián, Firpo, Delfino, De Caro, Canaro, Mader­na o Mores, pero era tan distinto, que se lo debe entender como totalmente nuevo. No mejor ni peor, sino nuevo y distinto. La cita an­te­rior significa que el camino iniciado por Piazzolla no reniega de la tradición tanguera heredada, sino que la cambia hasta hacerla aparecer como negada.

De la misma manera que al tango se lo de­bió aceptar tal como era en las décadas de 1910 y 1920, hasta su consagración como mú­si­ca popular porteña, así se lo debe aceptar a Piazzolla, desde sus producciones de 1970 en adelante, pese a la resistencia de los ultra tra­di­cio­nalistas.

El tango siempre tuvo innovadores y creadores a lo largo de su historia, pero el impacto ocasionado por Piazzolla, superó los lí­mi­tes de lo conocido. No significa ello que su mú­sica no sea tan­go, sólo se indica que con la coreo­gra­­fía del 30 o la más a­van­­zada de la é­po­ca del tan­go cru­za­do, es im­po­si­ble bailar cual­quier tango de es­te gran compositor.

Se lo combatió, aplaudió y consagró en vi­da y des­pués de muerto por lo que hay que re­co­no­cerle dos méritos importantes: hi­zo conocer su música, ba­jo el rubro de tan­go a nivel inter­na­cio­nal y logró for­mar es­cuela, pues sus se­gui­dores siguen las hue­­llas marcadas por su pa­so en la mú­si­ca ciu­da­dana de Buenos Aires.

Sus se­gui­do­res proliferaron entre los mú­si­cos, poe­tas, arregladores y can­­tantes, de la ge­neración que tiene presencia y vigencia. Así es posible men­cionar como poetas pia­zoleros o apiazolados, a Ho­­racio Fe­rrer, Federico Silva, Luis Alposta, Héc­tor Ne­­­gro, Horacio Expósito, o músicos co­mo Ra­úl Ga­re­llo, Daniel Binelli o Ro­dol­fo Me­deros, mien­tras que las y los can­tan­tes pueden sinte­ti­zarse en los nom­bres de A­me­­li­ta Baltar o Ru­bén Juá­rez, a los que se pue­den a­gre­gar Raúl Lavié y algún otro nom­­bre.

Los músicos continuadores de esa corriente mu­si­cal son muchos, por lo que a los nombres anterioesse deben agregarlos de Néstor Mar­coni, Jo­sé Libertella, Osvaldo Ruggiero, Luis Sta­zzo, que pueden servir de ejemplo sintetizador.

Coincidentemente con este fenómeno pia­zo­le­­ro, se re­gis­tró la incursión de otros va­lo­res vo­cales que res­pondían a la corriente tra­di­cio­nalista del tan­­­­go post­gar­deliano y cu­yos nom­bres, en muy bre­­ve cita, son Gui­­llermo Fer­nán­dez consa­grado en la te­le­visión, Chi­qui Pe­rey­ra, Luis Filipelli, Héc­tor Blo­tta, etcétera. Las voces feme­ni­nas de esta ge­ne­ra­­ción, que es de al­­guna ma­nera el retorno a las for­mas tra­di­cio­na­les, pue­den sintetizarse en los nom­bres de Su­­sana Ri­nal­di, Nelly Omar, María Gra­­ña, Ne­lly Vázquez, Glo­ria Díaz, Rosanna Fa­las­ca y Gra­ciela Susana.

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