Breve Historia del Tango 2

Origen Musical

Sobre la base de las músicas existentes en Buenos Aires para la década de 1870, (música de ori­gen africano, fol­cló­rica, cam­pesina, can­to por ci­fra, payada y tam­bién la eu­­ro­pea), el gusto popular se fue in­clinan­do de manera progresiva sobre a­que­llos ritmos, sonidos y composiciones que le re­sul­taban más gratos, más afines con su propio sentir y por ello hay que a­no­tar la preeminencia de la música de­­ri­va­da de ritmos negros, a la que se super­pu­sie­ron has­ta fusionarse en un nuevo ritmo, el candombe[1], ya muy desdibujado y sin la pre­pon­derancia de años anteriores, la gua­jira fla­men­ca y la cubana, habanera, fan­dango, fan­dan­­guillo, tango andaluz y  tango flamenco. El re­sultado, en la etapa de formación de un nue­vo ritmo fue la aparición del tango congo, tan­go negro, tango argentino, etcétera

Se produjo otra vez el fenómeno de trans­­cul­tu­ración al producirse una fu­sión del rit­mo lento y acompasado en otro más vivo, más rápido, más cor­­ta­do, que es el característico de la mi­lon­ga. Es­te ritmo se adaptaba más a la mo­­da­li­dad de los pa­yadores que la aceptaron de in­me­diato, pro­­du­cién­dose entonces la a­pa­ri­ción del con­tra­punto mi­lon­gueado.

La músi­ca de payada que tie­ne tiempos rá­pi­dos, pa­­ra llenar los intervalos vo­cales y los len­­tos o me­nos rápidos, para acom­pañar las vo­ces payadoras, ver­sificadas o no.

Los gui­ta­rreros criollos, a­portaron al incor­porar­se a la música, que se hacía cada día más urbana:

1) La con­dición de ser músicos y cantores intui­ti­­vos; creadores desde la nada;

2) No se ajustaban a ningún patrón musical co­no­­ci­do y

3) Crearon sus propios patro­nes musi­cales, para lue­go también recrearlos con total liber­tad.

Con ello lograron llegar  a la mi­longa y  fi­nal­mente al tango.

En ese proceso de la transculturación mu­sical rom­pieron, con la mú­sica europea, he­ren­cia blanca; con el llamado can­dombe, con los otros ritmos ya mencionados, herencia indirecta africana, para com­po­ner con los tro­­zos selec­cionados, u­­ni­dos en la creación o re­­creación a­nó­­nima, fres­ca y re­pentista, su pro­pia música.

Lamentablemente, por ser analfabetos mu­sicales no han dejado en ningún pen­ta­gra­ma las etapas de las ruptura ni de la crea­ción que le siguió.

El negro aportó junto con la música, sus instru­men­tos musicales, la mayoría de los cuales eran tam­bores y el mestizo crio­llo la guitarra y la flauta. Lue­go se a­gre­garon en los primeros tiempos el vio­lín, la corneta y otros instrumentos de vien­to.

Ese aporte musical con su pro­ceso de trans­culturación, también coincidió con el aporte de la inmigración y de la emigra­ción campesina. La  pampa iba perdiendo su horizonte infinito, la usarse los campos con sembrados de ce­rea­les y la formación de estancias, en un proceso bas­tante acelerado de modernización capi­talis­ta, ligado al comercio internacional que se pue­de fijar con fecha bastante cierta en el viaje del trans­porte Le Frigotifique, (1876),que llevaba en sus bodegas carne enfriada, abriendo las posibilidades del consumo de nuestras carnes en todos los países el mundo.

Organitos y trompetas

Para fines del siglo XIX los organitos o pia­nos mecánicos como también se los llamó, estaban bastante difundidos en Buenos Aires, pese a que su precio no eran barato, pues costaban entre 400 y 600 pesos a los que había que agregar los derechos de importación, pues eran importados de Europa. Su número relativamente alto dio lugar a que existieran para el mismo tiempo casas dedicadas a brindarle service y reparaciones, pues el uso lo desafinaba o rompía, interna o externamente. Cada afinación se cobraba $ 3. y cada cilindro giratorio en promedio se cotizaba  $ 70. Eran de madera esos cilindros, dependiendo de la calidad de la misma la duración de cada uno, pero una duración estimada era de algo más de un año y medio.

Las músicas brindadas por los organitos eran muy variadas, pues abarcaban desde zarzuelas has­ta cuecas, zambas, incluyendo los llamados tan­gos, todavía no terminados de estructurar como ta­les. También incluían trozos muy bien selec­cio­nados de la llamada música clásica, muy grata a los oídos europeos, especialmente a los italianos

Los hubo de distintos tamaños, pues había para ser llevados colgados del cuello, insertos en ca­rri­tos con ruedas, empujados por los organilleros, o mon­tados en carros tirados con caballos. Cual­quiera de ellos tenía como escenario principal las ca­lles de la ciudad de donde eran convocados a to­car en conventillos, peringundines, prostíbulos, plazas o casas de familia. Entraron en declinación a medida que los discos de pasta y los aparatos reproductores, se fueron propagando desde el cen­tro a los barrios

Fueron los propaladores de la música que más gustaba a la gente, no sólo del tango, pero a me­dida que éste ganaba sectores de la clase media el re­pertorio de sus cilindros fue desplazando a los que tenían otras músicas.

Otro elemento propagador de sonidos tangue­ros fue­ron los cornetas de los tranvías, que anun­cia­ban su paso con breves trozos de los tangos más po­pulares. Eran unas pocas notas, pero suficientes para que fueran reco­nocidas por los transeúntes, como perte­ne­cien­tes a los tangos que estaban más en boga. En e­sos anuncios no se incluyeron notas de otro ti­po de música, posiblemente por la dinámica que el desarrollo del tango tuvo.


[1] Corresponde idicar que esta palabra no existe en ningún dic­cionario de lenguas o dialectos africanos, por lo que es posible sospechar que sea una invención de los negros, pa­ra disimular el origen sagrado de la danza presentada al pú­bli­co blanco, al ser la sincretización de por lo menos cuatro dan­­zas sagradas ofrecidas a sus respectivos orixas.

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