Breve Historia del Tango 15

Revista Porteña y Tango

La revista llamada criolla, hizo su aparición en los tablados de los tea­tros y en las pistas de los circos ente 1890 y 1900.

La primera composición teatral que se pue­de con­si­derar como revista criolla es En­salada Crio­lla, de En­rique De María, del año 1898, es­tre­na­da en el cir­co La­va­lle cuando funcionaba en el pre­dio de Tu­cu­mán y Liber­tad.

Esta pieza y muchas del mismo género, de­mues­tran la herencia recibida del zar­zue­lismo español en la estructura general, el pin­tore­quismo de los per­sona­jes pre­sen­tados y la a­dap­tación del leguaje ori­gi­­nal al habla regional porteña.

La revista necesita para ser tal y al mis­mo tiempo ob­tener éxito, contar con bue­nos nú­me­ros mu­si­ca­les, muy bailables, acompa­ñados de gran des­­plie­gue escenográ­fico, sin importar la na­tu­ra­le­za del argumento, que en el fondo fue siempre lo se­cun­da­rio.

A pesar de ser imposible incluir la lista com­pleta de revistas con tangos bailados y cantados, se pue­den mencionar en muy apre­ta­da síntesis Yan­kees y Criollos, La Co­yun­da, Mi­lon­ga, Tango, Cre­­do Rante, Narcisa Garay Mu­­jer para Llorar, La Moreira y Corazón de Tango de­jando de lado más de 1700 com­posiciones re­veste­ri­les que pasa­ron por los es­ce­narios porteños, mu­chas de ellas llevadas a es­cenarios de provincias.

En la proyección temporal, las tona­di­lle­ras pio­neras, se han pro­longado al tiem­po actual, con fi­guras de travestis, convertidos en pri­meras fi­gu­ras del Maipo, que para muchos por­­te­ños si­gue siendo la catedral de la revista.

La introducción del tango en la revista, no fue rea­li­zada de manera mecánica ni au­tomá­tica ya que re­co­noce etapas de con­solidación.

La etapa inicial la bailarina y el can­tante de­mos­­traban en el es­cenario có­mo se bailaba, siem­pre siguiendo las pau­­tas de la zarzuela, que signi­fi­ca pareja suel­ta. Le siguió una nueva etapa, con la presentación del tan­go tal como era practicado en los lu­ga­res de origen, con sus cortes y que­bra­das.

En las revistas, como en el resto de las com­posi­ciones puestas en escena con sus bailes y can­ciones, se manifestaron muy cla­ramente los benefi­cios de los conser­va­torios y aca­demias. La excep­ción fue el mú­­sico analfabeto e intuitivo, que hi­cie­ra a­ños an­tes, la apertura musical por la que se fue en­cau­zando el tango en gestación.

El soporte de este esplendor musical es­tuvo da­do por la acción de la radio­te­le­fo­nía que de manera dia­ria y constante, po­nía en los ho­gares las mú­sicas y las vo­ces de las prin­cipales agrupaciones. A e­llas le siguieron, en orden de im­portancia, los bai­les realizados en el cen­tro y los ba­rrios, alcan­zan­do en estos, re­nombre muchos clubes o socie­da­des mu­­tuales de co­lectividades extranjeras.

En el centro de Buenos Aires no ha­­bía cua­dra donde no a­brieran sus puer­tas, confiterías, cines, sa­lones, ca­fés, ca­ba­­rets, boites, que di­fundieran tan­gos, con la presentación de las a­gru­paciones mu­­­sicales o por me­dio de pro­pa­laciones, primeros con discos y más tarde con otros medios.

Esta última modalidad imperó en mu­chos clu­bes de­portivos de los barrios y de las ciudades del in­­terior, pero debían com­­petir con los que con­trataban a con­jun­­tos musicales o solistas vocales.

El Nacional o el Café de los An­ge­li­tos, Mar­zo­tto, Ebro Bar, de la calle Co­rrien­tes, Tango Bar o Ger­­minal, eran la ci­ta obligada para escuchar y aplau­­dir a A­nibal Troilo, Os­mar Maderna, Osvaldo Pu­­gliesse, Orlando Go­ñi, Alfredo de Án­ge­lis, Ho­ra­cio Salgán, Fran­cini-Pontier, o Jo­sé Basso con sus res­pectivos cantores.

Para los que gustaban de los ambientes per­du­larios estaban los locales habilitados en las ca­lles 25 de Mayo, Alem y Re­con­quista, cali­ficados por la Mu­nicipalidad co­mo salones de bai­le Clase A., B., o C., que eran las categorías en­tre malos y peo­res. En e­sas calles se des­tacaron los lo­cales lla­ma­dos El Ae­roplano, O­cean Dan­cing, Derby Dan­cing, in­ter­ca­lados con ven­tas de rezagos de ropa, frutos exó­ti­cos, ten­deruchos u hoteles de la más ínfima con­di­ción. A pesar de la categoría de quie­nes los fre­cuen­ta­ban también fueron esce­na­rios de con­jun­tos musicales de muy buena ca­lidad co­mo los de Raúl Kaplún, Rodolfo Biaggi o Al­fre­­do Go­bbi (h). En plena zona de Re­tiro, a­bría sus puertas el famoso Parque Ja­po­nés que brin­daba espar­ci­miento, juegos, (la Vuelta al Mun­do, los Coches Choca­do­res, el Tiro al Blan­co), et­cétera. Le seguía como atracción popular el Pa­be­llón de las Flores, nombre iró­nico dado por el pú­bli­co, el Salón Lavalle y el Prín­­ci­pe Jorge. Subsistían La Casa Sui­za, el Sa­lón La Argentina de la calle Ro­dri­guez Pe­­ña, ampliando el panorama de posible con­­cu­rren­cia con el Salón Augusteo, Sa­lón Bom­pland, si­guiendo también la tra­di­ción los viejos y pres­ti­gio­sos salones de U­nione e Benevolen­za, U­nio­ne e Lavoro, E­ditorial Haynes, editora del Diario El Mun­do.

En este diario era posible consultar los sá­ba­dos, las orquestas de tango y jazz que ac­tuaban en Bue­­nos Aires y el Gran Bue­nos Ai­res, llegando casi siem­pre a 25 los lu­gares don­de se podía elegir la orquesta preferida pa­ra bai­lar el fin de semana, o los salones que abrían sus puer­tas ofreciendo música de dis­cos, co­mo era la Confitería Salón Azul o el a­ne­­­xo de Independiente en Flores, que te­nían que com­petir contra el prestigio que en Ca­ba­llito aca­pa­raba el Club Ferro Ca­rril Oeste. Esta eu­foria tanguera hizo que va­rias salas tea­tra­les o ci­nes ha­bi­li­taran sus salas, re­ti­raran las bu­tacas, es­pe­cialmente para la cele­bra­ción de los bai­les de car­naval.. Los principales tea­tros que introdujeron esta modalidad fueron el S­mart, el Politeama o cines barriales. En los diarios de época es posible encontrar co­men­ta­rios sobre las cantidades de pú­bli­co concu­rren­te, por ejemplo al Club Co­mu­ni­ca­ciones o al Racing Club, en Avellaneda.

La sociedad de la década de 1950 no fue la misma que la de 1930 o la de 1940. En ella con­ver­gieron mu­­chos factores ajenos al tango que re­dundaron so­bre las orquestas, cantores, com­posi­to­res, espec­tá­cu­los y lugares de es­par­cimiento, redu­cien­do la can­­tidad de músicos por orquesta, cerrando lugares y dis­­minuyendo la concurrencia. El proceso po­lítico- so­cial im­pu­so el cumplimiento de mu­chas leyes que es­ta­ban sancionadas pe­ro no se cumplían, prote­gien­do al obrero u empleado; a ello hay que a­gre­gar el pro­ce­so de inflación de­sa­tado, al fra­ca­sar la po­lí­ti­ca de estatización antes de 1955 y el liberalismo im­­puesto por las au­toridades militares que asu­mieron después de ese año.

Así fue que se fueron cerrando Ruca, Mar­zzoto, Rich­mond de Suipacha, Ger­minal, Nacional, Tan­go Bar, entre los más renom­bra­dos. Junto a ellos cerraron sus puertas la ma­yo­ría de los cabarets an­tes mencionados. lo mis­mo que confiterías y salo­nes barriales, sub­sis­tiendo algunos pocos que co­rres­pondían a se­des sociales de colectividades ex­tran­jeras.

La crisis económica que afecto a la mayoría de las grandes orquesta, volvió a poner en vigencia a tríos, cuartetos o quintetos., tratando de compensar el menor número con mayor y mejor calidad Las grandes agrupaciones subsis­tentes fueron muy pocas. La mayoría de los directores convocaba cuan­­do necesitaba presentarse para eventos muy bien acotados y con retribución segura

Los grupos que podemos llamar chicos ini­ciaron aventura de in­no­var, recreando vie­jas par­tituras o crean­do otras nuevas, que poco a po­­co se es­ta­ban alejando de la tradición y con e­llo del sen­tir popular mayoritario.

De esos conjuntos nuevos e innovadores, se pueden enumerar: Cuarteto Los No­tables del Tan­go, con Leopoldo Federico, Cuarteto Es­trellas de Buenos Aires con nombres importan­tí­si­­mos como los de Hugo Baralis, Ar­man­do Cupo, Jor­ge Cal­da­ra y Enrique Díaz, que fueron com­po­si­to­res y direc­to­res de sus pro­pias agrupaciones. La Or­ques­ta de las Es­trellas, dirigida por Mi­guel Caló, fue un frus­trado intento de re­ver­de­cer antiguos lau­ros; El Trío Yumba, La Casa de Carlos Gardel, Los Tres de Bue­nos Aires, dirigidos desde el piano por Os­valdo Tarantino, Los Cuatro del Tan­­go, el trío di­ri­gido por Armando Cu­po, el dúo Demare-Mori, el trío Ba­fa-Ber­­lingeri-Cabar­gos, dando mar­co mu­si­cal a Héc­tor Ortiz y a Ro­berto Go­ye­ne­che, Los Solistas del Tango, lo hi­cieron con Horacio Deval, el dúo Fer­nán­dez-Pas­­cual, el nuevo trío de Mario Demarco, Cuar­­­­teto Puro Tango, Cuarteto San Tel­mo, Los So­lis­tas del Tango, el Palermo Trío, diri­gi­do por Bar­to­lo­mé Palermo. Es­tos y otros más, lograron actuar en locales tra­di­cio­nales u o­tros nuevos como fueron La Tanguería, Palito 85, Sunset Street, La Yum­ba, Ma­lena al Sur, El Mesón Espa­ñol, Siglo XX, Cantina Don Ernesto, Vie­jo Almacén, El Boliche de Ro­tun­do, El Bu­lín Mistongo, La Calle, Camba­la­che, Ca­­ño 14, Pa­tio de Tango, algunas radios por­te­ñas (Municipal o El Mundo), al mis­mo tiempo que grababan en Vic­tor, Poly­dor, aus­picia­dos por la Universidad del Li­to­ral, Music Hall, Or­ques­ta Típica Víc­tor, Odeón, RCA Vic­tor, Tini y TK. Tam­bién a consecuencia de esta crisis eco­nó­mi­ca, muchos vocalistas se pre­sen­taron o gra­­baron, a­compañados por una gui­ta­rra o un dúo de ellas, re­ver­deciendo una mo­da­lidad de los pri­me­ros años del siglo.

Sin em­­bargo, a pesar de la crisis económica y con ella la crisis ocupacional y la reduc­ción en los niveles de ven­tas de discos de tan­go, per­du­­raron unos pocos conjuntos y can­tores.

Un ejemplo de ello son Jorge Sobral, Ju­lio Sosa, Héc­tor Mauré, Raúl Berón, Ed­mundo Ri­ve­ro, Alberto Ma­rino, Ro­berto Goyeneche, Flo­real Ruiz, Miguel Mon­­tero, todos ellos con una larga trayec­to­ria como vo­calistas en las me­jores or­questas de todos los tiem­­pos, o valores nuevos y renovadores como Nés­tor Fa­bián, Raúl Cobián, con el aporte fe­me­ni­no de Su­sy Leiva, Nelly Váz­quez, Blanca Moo­ney, Nelly O­mar, Amelita Bal­tar, Ai­da Denis, Alba Solís, al mis­mo tiempo que nue­vos y consa­gra­dos poetas con­ti­nua­ron pro­du­ciendo letras para el tango, co­mo fue­ron Horacio Ferrer o Enri­que Ca­dícamo y Cátulo Cas­­ti­llo.

De los músicos que perduraron en la temática tan­guera hay que diferenciar, pa­ra entender este pe­río­do transicional a los tra­di­cio­nales o semi­tra­di­­cio­nales, entreve­ra­dos con los van­guar­dis­tas no exa­ge­ra­­dos como fueron Ho­racio Salgán, José Ba­sso, Os­val­do Pugliese, U­baldo de Lío, En­rique Francini, A­ni­bal Troi­lo, Roberto Gre­la, Juan D´A­rienzo, Héctor Va­re­la y Flo­rindo Sassone.

Los límites en­tre la tradición musical tangue­­ra mo­­der­nizada, puesta al día, agior­na­da, y la se­pa­ra­ción que significó Piazzola, po­si­ble­mente estén en los que puso Troi­lo a los a­rreglos de Piazzola, seña­la­­dos con hasta aquí no más, por aquel.

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