Breve Historia del Tango 14

El Tango en la década de 1940 – Parte 2

Todo lo anterior obligó a la mayoría de las gran­des orquestas a reducir su per­so­nal, dejando a mu­chos músicos y cantores sin tra­bajo. Paralelamente, lo­cales tradicionales (ca­barets, confiterías, salones de baile, clu­bes de barrio, etcé­te­ra), dieran espacio pa­­­ra otros ritmos o eliminaron di­recta­men­te al tan­go.

Así fue que cerraron sus puertas Ruca, Mar­zzoto, Rich­mond de Suipacha, Ger­minal, Na­cio­nal, Tango Bar, entre los más renombrados.

Para subsistir mu­chos di­rectores de grandes or­ques­tas se vieron obligados a dirigir pequeños con­jun­tos (cuar­tetos o quintetos), de la misma ma­nera en que los músicos despedidos se a­gru­paron en tríos, cuartetos o quintetos. En este proceso de rea­dap­­tación a la nue­va realidad imperante del mer­ca­do, no de­be decirse que disminuyeron las a­gru­pa­cio­­nes musicales dedicadas al tango, pues si bien por un lado desaparecieron las gran­­des orquestas, de quince o más músi­cos, por otro, aumentaron las pe­queñas. Las grandes agrupaciones subsis­tentes que continuaron con la misma alineación, la misma es­­truc­tura de repertorio, con u­no o dos cantores fue­ron Alfredo Gobbi, Os­mar Maderna, Osvaldo Pu­gliese. Juan D´­Arienzo, Carlos Di Sarli, Ricardo Tan­tu­­ri, Mariano Mores, Osvaldo Fresedo y alguna otra, pe­ro las dos primeras per­dieron a sus conductores an­tes de la ter­minación de la década, a lo que debe a­­gre­garse el retiro del mercado de varias a­gru­pa­cio­nes que sin ser de primerísima lí­nea, eran sostenes cons­tantes con largos a­ños de trayectoria musical (Ricardo Ma­lerba, es un buen ejemplo de esta situa­ción). A ello se agregó la modalidad de mantener gran­des orquestas, para las presentaciones públi­cas, pero reclutando los músicos necesitados en ca­da ocasión y terminado el contrato, dejarlos en libertad, con lo que desaparecía la orquesta como tal, subsistiendo el nombre.

Los grupos que podemos llamar chicos (de dúos a quintetos) por la elevación de la cultura musical ya se­ñalada y la ne­ce­si­dad de buscar nuevos rumbos pa­ra per­ma­necer en el mercado y el gusto po­pu­lar, ini­ciaron la peligrosa aventura de in­no­var, recreando vie­jas partituras o crean­do otras nuevas, que poco a po­co se es­ta­ban alejando de la tradición y con ello del sen­tir popular.

Es posible constatar por medio de las mu­chas gra­baciones realizadas, los pon­de­ra­bles esfuerzos rea­lizados, pero al mis­mo tiempo la distancia que se­paraba esas gra­baciones del gusto popular im­pe­ran­te en el momento de ser realizadas. A ello hay que atribuir el fracaso de muchos de los intentos y no a la de cultura musical o falta de calidad mu­si­cal.

U­na rápida hojeada a los conjuntos chi­cos, da la siguiente en­nu­me­ra­ción: Cuarteto Los No­tables del Tango, con Leopoldo Federico, Cuarteto Es­trellas de Buenos Aires con nombres importan­tí­si­­mos como los de Hugo Baralis, Ar­man­do Cupo, Jor­ge Caldara y Enrique Díaz, que fueron com­po­si­to­res y direc­to­res de sus propias agrupaciones. La Or­questa de las Estrellas, dirigida por Mi­guel Caló, fue un fracasado intento de re­ver­de­cer antiguos lau­ros; El Trío Yumba, La Casa de Carlos Gardel, Los Tres de Bue­nos Aires, dirigidos desde el piano por Os­valdo Tarantino, Los Cuatro del Tan­­go, el trío di­ri­gido por Armando Cu­po, el dúo Demare-Mori, el trío Ba­fa-Ber­­lingeri-Cabargos, dando marco mu­si­cal a Héc­tor Ortiz y a Roberto Go­ye­ne­che, Los Solistas del Tango, lo hicieron con Horacio Deval, el dúo Fer­nán­dez-Pas­cual, el nuevo trío de Mario Demarco, Cuar­­teto Puro Tango, Cuarteto San Tel­mo, Los So­lis­tas del Tango, el Palermo Trío, dirigido por Bar­to­lo­mé Palermo. Es­tos y otros más, lograron actuar en locales tra­dicionales u otros nuevos como fueron La Tanguería, Palito 85, Sunset Street, Ma­lena al Sur, El Mesón Espa­ñol, Siglo XX, cantina Don Ernesto, Vie­jo Almacén, El Boliche de Rotundo, El Bu­lín Mistongo, La Calle, Cambalache, Ca­ño 14, Pa­tio de Tango, algunas radios por­te­ñas, Municipal o El Mundo), al mis­mo tiempo que grababan en Vic­tor, Poly­dor, auspiciados por la Universidad del Li­to­ral, Music Hall, Orquesta Típica Víc­tor, Odeón, RCA Vic­tor, Tini y TK.

Tam­bién a consecuencia de esta crisis eco­nó­mi­ca, muchos vocalistas se presentaron o gra­baron, a­compañados por una guitarra o un dúo de ellas, re­ver­deciendo una mo­da­lidad de los primeros años del siglo.

Esta nueva época del tango propició el trabajo del disc-joc­key, nuevo elemento que adquirió re­le­van­cia en el ambiente musical en general. Su tarea con­sis­tió en animar audiciones radia­les, por in­ter­me­dio de las nue­vas o vie­­jas grabaciones y oca­sio­nal­­men­te con pre­sentaciones en vivo. De las ra­dios pa­saron a de­sem­peñarse en clubes, salones, con­fi­te­­rías o bai­les barriales.

En realidad, el disc-jockey, fue la pro­lon­gación y la modernización de muchos locutores, que en la dé­ca­da del 20, 30 o 40 diri­gie­ron audiciones radiales de­dica­das al tango, cuyo paradigma es Julio Jor­ge Nel­son. Las diferencias con los nuevos conductores de programas, es que los locutores estaban con­cen­trados en el tan­go, mientras que los nuevos tenían un abanico o espectro mu­sical mucho más amplio, ya que in­cur­sionaron en variados ritmos inter­ca­lan­do música centro­a­me­ricana, brasileña o jazz, con el a­­gre­ga­do de que muchos de estos disc-jokeys de­pen­dían, para mantener sus fuentes de trabajo, del fa­vor de las firmas gra­badoras, y por ello reiteraban la frecuencia de los dis­cos propalados para influir en el gusto po­pu­lar y así incidir en las ventas. Sin em­­bargo, a pesar de la crisis económica y con ella la crisis ocupacional y la reduc­ción en los niveles de ven­tas de discos de tan­go, perduraron orquestas y can­tores.

Un ejemplo de ello son Jorge Sobral, Ju­lio Sosa, Héc­tor Mauré, Raúl Berón, Ed­mundo Rivero, Alberto Ma­rino, Ro­berto Goyeneche, Floreal Ruiz, Miguel Mon­­tero, todos ellos con una larga trayec­to­ria como vo­calistas en las mejores orquestas de todos los tiem­­pos, o valores nuevos y renovadores como Nés­tor Fa­bián, Raúl Cobián, con el aporte fe­me­ni­no de Su­sy Leiva, Nelly Vázquez, Blanca Moo­ney, Nelly O­mar, Amelita Baltar, Ai­da Denis, Alba Solís, al mis­mo tiempo que nuevos y consagrados poetas con­ti­nua­ron produciendo letras para el tango, co­mo fue­ron Horacio Ferrer o Enrique Ca­dícamo y Cátulo Cas­­ti­llo.

De los músicos que perduraron en la temática tan­guera hay que diferenciar, pa­ra entender este pe­río­do transicional a los tra­dicionales o semi­tra­di­­cio­nales, entreve­ra­dos con los van­guar­distas no exa­ge­ra­­dos como fueron Horacio Salgán, José Ba­sso, Os­val­do Pugliese, Ubaldo de Lío, En­rique Francini, A­ni­bal Troilo, Roberto Gre­la, Juan D´A­rienzo, Héctor Va­rela, Flo­rindo Sassone, para men­cionar nada más que unos pocos y la ruptura mu­sical que significó la co­rriente vanguardista o mo­­dernista encarbezada por As­tor Piazzola.

La carga musical agregada a los a­rre­glos prac­ti­ca­dos, durante el tiempo en que fue arre­glador de Troi­lo ya anunciaban su tra­yectoria musical pos­te­rior.

Los límites en­tre la tradición musical tanguera mo­­der­nizada, puesta al día, agiornada, y la se­pa­ra­ción que significó Piazzola, po­si­ble­mente estén en los que puso Troi­lo a los arreglos de Piazzola, se­ña­­la­­dos con hasta aquí no más.

El impacto de Piazzola, superó los lí­mi­tes del tan­­go. No significa esta afir­mación, su mú­sica no sea tango, sólo indico que con la coreo­gra­­fía del 1930, o la más avanzada de la é­po­ca del tan­go cru­zado, es imposible bailar cual­quier tango de es­te gran compositor.

Se lo combatió, aplaudió y consagró en vi­da y des­pués de muerto por lo que hay que reconocerle dos méritos importantes: hi­zo conocer su música, ba­jo el rubro de tan­go a nivel internacional y logró for­­mar es­cuela, pues sus seguidores siguen las hue­­llas marcadas por su paso en la mú­si­ca ciu­da­dana de Buenos Aires.

Sus se­gui­do­res están entre los músicos, poetas y can­­tantes, de la última generación. Así es posible men­cionar como poetas pia­zoleros o apiazolados, a Ho­racio Fe­rrer, Federico Silva, Luis Alposta, Héc­tor Ne­­gro, Horacio Expósito, o músicos co­mo Raúl Ga­re­llo, Daniel Binelli o Ro­dol­fo Mederos, mientras que las y los can­tan­tes pueden quedan sin­­tetizadas en A­me­­li­ta Baltar o Rubén Juárez, a los que se pue­den a­gre­gar Raúl Lavié y algún otro nom­­bre.

Los músicos continuadores de esa corriente mu­si­cal pueden sinte­ti­zar­se en los nombres de Néstor Mar­­coni, Jo­sé Libertella, Osvaldo Ruggiero, Luis S­tazzo, etcétera.

Paralelamente a este fenómeno pia­zo­le­ro, se re­gis­tró la incursión de otros va­lo­res vocales que res­pondían a la corriente tra­di­cionalista del tango post­gar­deliano y cu­yos nombres en muy breve cita son Gui­­llermo Fernández consagrado en la te­le­visión, Chi­qui Pereyra, Luis Filipelli, Héc­tor Blotta, etcétera. La voces feme­ni­nas de esta gene­ra­ción, que es de al­guna ma­nera el retorno a las formas tra­di­cio­na­les, pue­den sintetizarse en los nombres de Su­sana Ri­nal­di, Nelly Omar, María Gra­­­ña, Nelly Vázquez, Glo­ria Díaz, Rosanna Fa­lasca y Graciela Susana.

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